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El Que Pudo Haber Sido

  • 10 abr 2019
  • 3 Min. de lectura

Mi Padre murió. . . pero no murió físicamente. . . pero si murió antes que yo naciera.

El hombre que yo conozco, quien dice ser mi padre, es un impostor, una persona vagamente conocida, que intento—pero fue débil el intento, de llenar lo que mi verdadero padre dejo como vacío.

Mi padre verdadero, me imagino, hubiera sido cariñoso y nunca hubiera perdido su vista hacia mi y mi hermano. Ese padre nos hubiera dado todo su amor, atención, y nos hubiera enseñado tanto sobre la vida. Nos hubiera visto a los ojos y hecho miles de promesas. Nos hubiera enseñado que la vida es bella, que existían, y existen tantas cosas por conocer. Nos hubiera enseñado sobre el amor en el mundo, que emana del amor del Creador, Dios; ese amor que también el hubiese mostrado sin tener que pedir o forzar. Ese padre nos hubiera enseñado a querer a las mujeres como lo que son, seres extraordinarios, puesto por Dios para cuidar que el mundo no se descarrié del verdadero propósito de nuestras existencias. Pero no fue así. . .

Lamentablemente, el padre que merecíamos, mi hermano y yo, murió antes de que ambos naciéramos. Nuestro padre verdadero fue asesinado por el ALCOHOL cuando apenas estaba en su adolescencia. Y desde allí, el vicio; la adicción, hacia el alcohol, remplazo a quien era un hombre sabio, con energía, y optimismo hacia el futuro, con un hombre duro, simple, y sin personalidad. El hombre que dice ser mi padre, le falta mucho para llenar el vacío de aquel padre que pudo ser, pero no fue, gracias a la adicción hacia el alcohol.

Los niños nunca deberían de sufrir la muerte de un padre o madre, porque está escrito en el círculo de la vida, que los padres expiran luego para que los hijos, ya grandes, puedan lidiar con tal perdida. Los hijos, ya adultos, pueden emprender en el dolor hacia tal perdida con más herramientas psicológicas, como no lo pueden hacer cuando están niños. Sin embargo, a mi hermano y yo, nos tocó lidiar con la muerte de nuestro padre desde pequeños. Y como murió nuestro padre verdadero, el remplazo fue una persona vacía que prefería pasar tiempo con sus amigos, embriagado, que no respetaba a nuestra madre, y no respetaba que nosotros también teníamos necesidades emocionales. Porque las necesidades materiales nunca nos faltaron, pero casi nos falta la existencia, si no fuera por nuestra madre.

El día de su muerte física, lloraremos porque en el existió y siempre permaneció tanta potencia, potencia que fue desperdiciada por la adicción hacia el Alcohol. Porque no buscó ayuda, porque la adicción llego a ser parte de su personalidad ficticia, como aquel que se acostumbra a vivir con un dolor por tantos años y no recuerda una vida sin tal dolor. Lloraremos, e incluyo a mi hermano en ese llanto (aunque él lo niegue), porque el alcohol secuestro a nuestro padre y luego lo asesino, aun cuando no existíamos, el cual es injusto porque no nos dio la oportunidad de pelear por él, de negociar por su captura, de tener alguna esperanza de que volviera sano y salvo. Lloraremos porque la adicción, fue más y nosotros menos.

Ultimo Mensaje

Esto es para todos los padres que están emprendiendo en esa adicción hacia el alcohol o cualquier otra droga. No busquen felicidad donde existe oscuridad, donde desperdician la única vida que tienen para ustedes y sus familias, especialmente la vida de sus hijos que no pidieron tener a un padre adicto. Para los hijos que crecieron con padres adictos a cualquier sustancia; busquen ayuda y no cometan el mismo error.

Cuando era apenas niño me prometí nunca ser igual padre que el padre que me toco, que iba ser mejor. Ahora siendo padre me doy cuenta que ser mejor padre que mi padre es demasiado fácil. . . Pero no me conformo con fácil, los niños merecen lo mejor, no lo que sobra.

A mi padre, que sepa que hace años lo perdone y lo amo. No te culpo, culpo al alcohol.

Oscar Corea

4/11/19

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