El Niño en África y en el Vientre
- 9 mar 2016
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A todos nos ha pasado, estamos tranquilos viendo un programa en la televisión, cuando de repente presentan el anuncio de los niños que padecen hambre. Muestran los rostros de estos niños para que todo aquel que alcance ver el comercial se pueda compadecer y ayudar a la causa, ayudar a que no pasen hambre. Por ese momento, si logramos ser captivados por tal comercial, nos acordamos que existen niños todos los días en países lejanos aguantando hambre. Nos acordamos que aún hay seres humanos que sufren y que son ignorados por el resto del mundo. Nos acordamos de la maldad que existe en el ser humano por dejar que tal cosa siga pasando. Y nos preguntamos, ¿Por qué sigue pasando esto? ¿Por qué no hay más gente ayudando en esta causa? ¿Quién se apeada de estos pequeños humanos que no piden nada más que un bocado de pan para sobrevivir? Estos niños que teniendo tan poco, piden tan poco, y quieren seguir viviendo en un mundo que le ofrecerá poco.
Por un instante en nuestra vida demasiada ocupada, nos acordamos de estos niños pobres que sufren diario el peor de todos los males inventados por el ser humano, el ser despreciados, olvidados, marginados, el vivir en el desamor. Y así mismo como vino el comercial que duro 30 segundos, así mismo el comercial logra atraer a unas cuantas personas. ¿Y los demás? Acaso ¿no les conmovió ver a los ojos de estos niños que muestran la falta de amor del ser humano?
Quizás si los conmovió el comercial, por un segundo, pero se han visto separados de tal desastre creado por la humanidad, puesto que ellos son gente buena y no están contribuyendo a tal maldad. Quizás si les conmovieron los rostros casi sin esperanza que mendigan una migaja de amor. Pero al rato, todo vuelve a la normalidad y pueden seguir viviendo como que nada ha pasado. Solo fue un mal rato que tuvieron que pasar en donde la realidad se mostró en carne viva.
Pero se olvidaran del mal rato porque nuestra mente lo negara todo, usara el mecanismo de defensa de negación, para que podamos seguir viviendo nuestra vida libre de ansiedades. Y cuando no basta, usaremos la justificación para seguir pensando que somos gente rectas que no le hace mal a nadie. El niño en África que está padeciendo hambre y peor aún, padeciendo un desamor inmenso en donde existe suficiente comida en el mundo para comer, pero no para ellos. El resto del mundo pondrá una venda en frente de sus ojos. De todos modos el niño en África está a miles de kilómetros de nosotros. En nuestra mente, “a miles de kilómetros” se vuelve metáfora para: “no existe.” Y entonces el niño en África no existe. Podemos seguir adelante tratando de conquistar al mundo.
En este ejemplo, la distancia, segada por los mecanismos de defensas, nos permite pensar que el niño que sufre hambre no existe. Pero, ¿qué pasa con los bebes en el vientre materno? Estos son bebes que están más cerca, incluso pueden ser nuestros vecinos, o más cerca, en nuestra propia familia. ¿Qué es lo que nos permite pensar que estos bebes no existen? Porque miramos alguna presentación sobre el desarrollo humano, por el respeto a la vida, y aun así, nos pasa como cuando vemos el comercial del niño que pasa hambre en África. Nos conmovemos, nos afligimos, hacemos promesas de que vamos a ayudar, nos motivamos, pero aun así nos quedamos sin hacer nada. Porque el próximo día seguimos como que todo fue un mal rato que tuvimos que pasar en donde la realidad se mostró en carne viva y sangrienta.
Logramos luego negar que el ser humano en el vientre sea un ser humano para hacernos sentir bien y que no somos parte de esta violencia. Justificamos nuestra inacción hacia tal mal porque no le queremos imponer nuestros valores a otras mujeres. Pensamos que con tal que nosotros no abortemos a nuestros hijos, estamos ayudando suficiente porque el prójimo en el vientre está demasiado lejos de nuestro alcance o no es de nuestra incumbencia. Pensamos y creamos excepciones de que alguno de nuestro prójimo merecen nacer ya sea por el sexo, si está libre de discapacidad, o por no ser un inconveniente. El prójimo en el vientre se asemeja al prójimo en África (sufriendo de hambre) y como tal está a miles de kilómetros de nosotros, y como tal, no existe.
¿Cuáles de los siguientes desórdenes mentales ocurrió primero en nuestras mentes: el vientre materno se volvió en otro continente parecido a África donde los bebes por nacer son olvidados, o ¿es que acaso, África se volvió hace tiempo el vientre materno donde los niños son ignorados? O ¿será que nuestra mente, que es capaz de crear castillos en el cielo, ha creado un lugar en nuestro inconsciente para estas personas, en donde dejan de existir? El prójimo en África y en el vientre materno dejan de existir en el momento que los ignoramos, que dejamos de luchar por ellos, de defenderlos, de ayudarlos, en el propio momento que lo dejamos de amar. Dejan de existir cuando lo segregamos y le decimos que no pertenecen a nuestra familia humana por ser distintos, porque no han logrado semejarse a nosotros en ciertos requisitos, y como tal no merecen de nuestros esfuerzos. Uno de estos prójimos muere por desamor una muerte lenta y agonizante, por las inacciones de tantos. El otro prójimo muere también por desamor, pero una muerte rápida y violenta, por las acciones de tantos.
¿Qué haremos entonces cuando la realidad se muestre frente a nosotros en carne viva, sea como sea, por cualquiera de nuestro prójimo, y más nuestro prójimo pequeño?






















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