Tal vez no sea tan Mal – el Aborto
- 26 abr 2013
- 3 Min. de lectura
“Tal vez no sea tan mal” pensé, al recordar como la gente quedaba asustada cuando le mostrábamos un video de bebes abortados. Se conmovieron, se horrorizaron, y se preguntaron ¿como tal cosa podía ser legal? ¿Cómo es que el gobierno y el Presidente de los Estados Unidos apoyan tal destrucción de un ser humano? Esas noches después de cada presentación me imagine que todos tendrían dificultad en dormir porque se les había quitado la venda de los ojos. Se les había mostrado la verdad, una verdad que no sabían porque otros la han sabido ocultar. Tendrían dificultad en pensar que es legal matar a seres humanos antes de nacer; dificultad por saber que en vez de ayudar a una mujer embarazada, la sociedad le ofrecía ejecutar a su bebe.
Pero “tal vez no sea tan mal” pensé. . . ¿Por qué? Porque al siguiente día los note inactivos. Al siguiente día todo siguió como que nada había pasado. Me pregunte si todavía recordaban la presentación que le mostramos, el video, los bebes, la sangre… Me pregunte por qué no habían querido actuar; ser una voz para aquellos que no pueden hablar, para aquellos que están siendo asesinados sin que ellos lo sepan—esos bebes por nacer indefensos. Dude y pensé que tal vez el aborto no era tan mal.
¿Sera que estoy equivocado? ¿Sera que el aborto no es una maldad tan grave? Que estoy defendiendo a un ser que ni siquiera sabe que está siendo destruido, que a su temprana edad ni siquiera sabrá si existió o no; un ser que quizás crecerá sin saber que alguien defendió su vida y luego le dará igual ser Pro-Vida o Pro-Aborto. Tal vez el aborto no es la maldad que muestran en los videos. Los bebes triturados por las máquinas de succión, que luego sus cuerpos salen en pedazos, ¿Será eso una cosa de ciencia ficción? Tal vez el aborto es algo normal ya que en el mundo entero la muerte por homicidio se ha vuelto en conversación que se acompaña con un café por la mañana y una comida por la noche.
Si es así, entonces estoy perdiendo mi tiempo. Si es que la vida del ser humano empieza a tener valor solamente en su momento de nacimiento, entonces estoy equivocado en pensar que debo defender la vida en el vientre materno. El desinterés de los demás comprueba que no es un tema de tanta importancia, que si hay miles de bebes abortados a diario, lo importante en realidad es que nosotros estamos vivos. Que cada quien se defienda a como pueda. Con tal de que no se vean estas imágenes horribles de los bebes siendo despedazados o envenenados, el mundo debe seguir adelante pensando que tal cosa no existe, que todo es un invento para distraernos de nuestros placeres.
“Tal vez no sea tan mal” pensé, pero desde que me quite la venda de los ojos hacia esta inmensa realidad no me la he vuelto a poner. No se me es posible pensar que la vida es justa para aquellos bebes a quienes se le niega el derecho de nacer vivos. A tantos bebes que no le dan la oportunidad de crecer y poder contribuir hacia la sociedad. Que simplemente por no ser deseado o porque no fueron planeado se les está dando la pena de muerte. No me he vuelto a poner la venda porque siento que, intrínsecamente, es mi deber defender a estos bebes. Es algo que va más allá de mi comprensión y que me señala hacia la compasión que existe entre un ser humano a otro, aunque uno de ellos no comprenda el porqué de la compasión. Otros querrán ponerse la venda en los ojos de nuevo, me influenciaran al desanimo; hacia la interrogaciones de mis acciones; pero tal deber está integrado en mi ser, y sin el no sería humano.






















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